Círculo de Escritores del Comahue

Uniendo letras en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén

El hombre es como una luz

Publicado por D. M. V. en 27 diciembre 2011

 

El hombre es como una luz

 
Por Santiago Ocampos –Circulo de Escritores del Comahue-

 

En esta semana convergen por diferencia de unos días, dos fiestas que celebran la esperanza y la labor del hombre. Ambas hacen referencia a la luz y al amor y tienen por motivo esencial la reunión de amigos y familiares. Estas son Navidad para los cristianos y Jánuca para el pueblo judío.
La segunda, inició sus actividades con la primera estrella del martes 20. Conmemora la heroica victoria de los Macabeos que resistieron la ocupación helénica que pretendía imponer sus dioses y sus particularidades. A partir de una intensa lucha de 3 años, recuperan el Templo de Jerusalén, hoy epicentro de las tres religiones más importantes del mundo, el Islam, el Judaísmo y el Cristianismo. De este templo sólo queda el muro occidental denominado el Muro de los Lamentos.

 

Toda fiesta religiosa y popular no busca la simple celebración sino también persigue una finalidad didáctica. Los signos de la memoria y el presente deben poder volver a recobrar su antiguo significado. A lo largo de ocho días, nuestros hermanos mayores de la Fe, tomando las palabras de Juan Pablo II, encienden una vela en sus ventanas para volver a rememorar los valores que no deben perderse.

 

El cristianismo por cierto, también convoca a encender la luz. El nacimiento del Mesías, de Jesús, es una luz que no se extingue y que envía Dios para la redención del hombre. Todo es luz en la imagen bíblica que narra el acontecimiento, las estrellas, el pesebre, el anuncio del ángel. A su vez es una profunda respuesta a las promesas que hace Dios a lo largo de la historia. Rico en misericordia en Navidad asume todo su misterio al hacerse hombre.

 

El Premio Nobel de Turquía, Orhan Pamuk, expresaba en una entrevista a una conocida revista de cultura, en su última visita a Buenos Aires, sobre el significado de la vida y del poder de las palabras. “Sólo hay que estar seguro de ellas y eso redunda en la verdad. Hay algo trascendente, algo oscuro, escondido, secreto. ¿Cuál es el significado de la vida? Eso es lo que uno se pregunta cuando lee Anna Karenina. Eso es la profundidad de lo que se narra”.

 

Como hombres somos portadores de la esperanza. Como escritores tenemos la misión de asumir cada palabra para devolver al hombre su dignidad. Su condición de ser trascendente y que trasciende por algo. De alguna forma es, entre otras muchas cosas, los que estas fiestas nos enseñan. Interpelan la memoria y nos recuerdan que la justicia no es una utopía.

 

Podemos seguir empujando los sueños hacia la luz. Recuerdo aquella vez que Cortázar hizo que un cronopio bailara alrededor de una flor y cuando finalmente, agotado, se durmió, la hizo pensar: es como una flor. Creo que de esto se trata, hay que pensar que un hombre es como una luz.


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