Círculo de Escritores del Comahue

Uniendo letras en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén

Cacho de Cipolletti

Posted by D. M. V. en 28 enero 2010

Cacho de Cipolletti

Cacho de Cipolletti nace en Cipolletti, provincia del Río Negro, República Argentina,  en el año 2000, a la edad de 77 años.
Hasta entonces había sobrellevado el nombre de Jesús Gonzalo Ruiz (aun cuando todo el mundo lo conocía por simplemente Cacho) con el que sus padres lo habían bautizado (25-12-1923) allá en Buenos Aires, Capital, donde había vivido hasta su arribo a ésta, en 1994.Realiza la escuela primaria y estudios de piano hasta que ingresa al Colegio Nacional de Buenos Aires .En 1950 recibe su título de Ingeniero Industrial.
Desarrolla su carrera docente en las cátedras de “Organización de la  Producción“Facultad de Ingeniería (UBA) (1958-1988) y “Organización y Proyecto de plantas industriales” (UTN Regional Avellaneda) (1972-1994). Se jubila como Profesor Titular.
Desde muy pequeño realiza diversos deportes entre ellos: fútbol, pelota paleta, tenis, bochas y juegos de salón. Conoce  a la que, luego, fue su esposa y juntos participaron  en torneos ganando algunos de ellos.
Los desaguisados de los gobernantes y políticos de principio del siglo XXI,   enervan su sensibilidad y dan pie para que escriba alguna carta de lector y algunos artículos que circulan entre sus amigos y familiares,  quienes  lo alientan para que lo siga haciendo.
Intentó, entonces, acercarse a algún grupo de colegas para compartir inquietudes, proyectos y todo lo que hace a la vida del escritor.      No lo consiguió; en las reuniones, sólo podían hablar determinadas personas y, en cuanto a los temas abordados por él, no tenían cabida dentro de una producción literaria, como la que ellos realizaban.  Para estas personas, sólo es poesía y literatura aquello que cuenta las cosas lindas y/o románticas.
Comprendió  que lo que el grupo buscaba no era alentar y capacitar a futuros escritores, sino, por lo contrario desalentar a posibles competidores.
Ante semejante muestra de mediocridad, decidió ser

ESCRITOR INDEPENDIENTE
La Feria del Libro Cipolletti 2008 lo pone en contacto con un grupo de escritores con inquietudes afines con la suya y es allí cuando deciden formar el Círculo o de Escritores del Comahue.

A modo de despedida nos deja palabras como:

Estimado lector:
Si ya tienes un hijo y has plantado un árbol, pero aún no has escrito un libro…
NO ESTÁS REALIZADO
Todavía estás a tiempo.

A continuación se ajunta un cuento de Cacho de Cipolletti:

COMO SIEMPRE

Se conocieron en un centro de la tercera edad, uno de esos lugares donde las personas mayores se reúnen para  sobrellevar, por decir de alguna manera, el último tramo de su existencia.

Por lo general, los contertulios aparecen en las primeras horas de la tarde y se retiran  al anochecer. Durante su permanencia, en el centro, juegan a los naipes (canasta, chinchón, truco, etc.)  pero, por sobre todo, CONVERSAN ..

Muchos de ellos concurren como una solución para mitigar el aislamiento de  su vida hogareña; algunos porque la pérdida de su pareja los ha  dejado solos, o solas, o por que, pese a  convivir con sus hijos, nietos y familiares, sienten  la soledad que provoca la incomprensión de los jóvenes de los problemas de los viejos, perdón, quise decir “personas mayores “.

Nuestro personaje, Manuel, es un ex ferroviario de 83 años que quedó viudo hace siete años y la heroína, Sofía, de 82 años jubilada del Poder Judicial, soltera, según la Libreta Cívica , aun cuando joven, había convivido en pareja.

Ante la infidelidad de su compañero, a quien adoraba, había jurado no creerle más a ningún hombre y así lo había cumplido.

Ambos tenían un nivel cultural bastante más elevado que el del medio en que se desenvolvían y ello hizo que, por afinidad, y sin darse cuenta, se fueran frecuentando y  se constituyeran como pareja estable para los juegos de naipes, sobre todo en el truco donde descollaban como hábiles mentirosos y resultaba difícil ganarles.

Una tarde, en la que la partida de juego se demoró más de lo debido, Manuel se ofreció, gentilmente, a acompañar a Sofía hasta su casa, ya que, siendo caída la noche, resultaba peligroso que una señora mayor anduviera  sola por la calle con tanto malandrín suelto, como decían que había.

Ella aceptó gustosa y así, sin siquiera rozarse y, por supuesto, conversando, caminaron las cinco cuadras que mediaban entre Alborada, que así se llamaba el centro de la tercera edad y la casa de Sofía.

Cuando llegaron, Sofía invitó a Manuel a pasar para presentarle a su familia y así fue que éste conoció a la hermana: Raquel, su esposo Rogelio, su sobrina Romina, a la sazón separada de su esposo y a los dos hijos adolescentes de esta última.

A partir de ese momento, se hizo norma el que él la acompañara, aun cuando no fuera de noche.

En otra ocasión, Sofía comentó que tenía que ir a Chimpay a cumplir con una promesa  y que estaba en falta con el santito Ceferino. No lograba que  ninguna de sus sobrinas la acompañara.

Como es dable esperar, Manuel, ni lerdo ni perezoso,  se ofreció para acompañarla y, fiel a su corazoncito ferroviario, propuso viajar por ferrocarril; Sofía por razones de practicidad, en autobús. Como siempre, el varón tuvo la última palabra: sí querida, vamos en autobús.

Durante todo el paseo, con el pretexto de evitar tropiezos, él la condujo tomada del brazo y ella se dejó conducir envuelta en un limbo de éxtasis y felicidad.

Cuando llegaron de vuelta, había comenzado a lloviznar, apenas un calabobos, por lo que, muy amable, Manuel la cubrió con su poncho, que siempre llevaba para combatir cualquier inconveniente climático, y así, debajo de tan criollo atuendo y tomados de la cintura para que ninguno de los dos quedara sin cobertura, caminaron hasta la casa de Sofía.

En el momento de la despedida, se besaron. Fue un acto espontáneo, ambos tomaron la iniciativa al mismo tiempo y en cuanto al beso, nada tenía de parecido a los que permanentemente se ven en la pantalla de la televisión, aún en el horario de protección al menor. Un simple juntar los labios cerrando los ojos para soñar mejor. Hacía tanto que esto no pasaba que les supo a miel sobre hojuelas.

El problema comenzó cuando comentaron, con sus familiares, el deseo de estar juntos, que ambos tenían; los trataron de ridículos, desubicados y varios calificativos mas, como si el amor fuera un privilegio de los jóvenes; como si el acto sexual fuera la única manera de mostrar el cariño entre un hombre y una mujer y la senectud destruyera toda posibilidad de sentir y amar.

A partir de entonces debieron verse, no a escondidas, pero si con mucho recato a fin de evitar situaciones conflictivas, hasta que, un buen día, decidieron: CASARSE

Ya estarán imaginando el “pandemónium” que se armó.

Manuel vivía solo; tanto el hijo como la hija no tenían lugar en sus respectivas casas como para que él viviera con ellos.

En realidad, no se sabe si donde faltaba lugar era en la casa o en el corazón.

Cuando, durante la visita semanal que hacía a sus hijos, decía su opinión sobre algún tema, era, enseguida, rebatido, tanto por ellos como por los nietos, diciendo que: “eso era antes”;  “las cosas no son como eran” y toda una serie de argumentos y teorías que lo hacían sentir como un inútil fracasado y lo obligaban  a mantenerse callado para no originar discusiones.

La cuestión se agravaba  cuando sucedía el fracaso por no haber seguido las indicaciones de Manuel. Llegaron a decir que éste gozaba con el fracaso de sus hijos cuando la realidad era que durante toda su vida, sólo había pensado y actuado buscando lo mejor para ellos. Menuda ingratitud.

En el caso particular del casamiento le recriminaron que no respetara la memoria de su esposa. Que, qué necesidad tenía de estar con una mujer si ya estaba viejo  “para esos trotes”, y, además, vaya a saber qué clase de mujer era esa Sofía que no había conseguido pareja  en tanto tiempo. Debía ser una bruja dominante y despiadada

Fue inútil que les explicara que, a su esposa, la había amado y sido fiel durante los cincuenta y ocho años de matrimonio, que la había atendido en su enfermedad hasta el último minuto y que, si no tenía una situación económica floreciente fue porque había gastado hasta el último centavo intentando la salvación de ella.

Fue inútil hacerles comprender la soledad en que vivía.

Por el lado de Sofía la cuestión pasaba por la parte económica; según sus familiares, el tal Manuel era un aventurero que estaba detrás de la jugosa jubilación  que ella percibía; que habría que ver por qué los hijos no lo querían tener con ellos y un montón de cuestiones que inventaban con la intención de desalentar a la pobre Sofía.

En realidad lo que les preocupaba era que, al no convivir con ellos, se perdía el importante aporte que Sofía representaba para la economía familiar.

Fue inútil que les explicara que, pese a que en la casa eran varias las personas que convivían,  estaba en soledad por la falta de comunicación entre ellos y para con ella.

Contra viento y marea, SE CASARON.

La fiesta la realizaron en Alborada y fue el regalo de los socios de la institución, para quienes, la pareja, constituía un éxito de dimensiones tales que justificaba con creces el motivo de la creación de la misma.

El mismísimo Sr. Intendente concurrió a la ceremonia; los medios periodísticos le dedicaron varias columnas, como correspondía a tan (por fin una)”buena noticia”.

Siguieron concurriendo a Alborada y haciendo las mismas actividades que hacían anteriormente aun cuando no con la misma asiduidad ya que dedicaban bastante tiempo a los conciertos, exposiciones de arte y otros actos, generalmente culturales, sobre todo a los organizados por la Municipalidad , los que, además de ser de muy buena calidad artística, eran gratuitos y de libre acceso.

Para los concurrentes a Alborada, habían pasado a ser un símbolo de amor, fe y esperanza.

Por el lado de las señoras habían hecho revivir la esperanza del príncipe azul que viniera a rescatarlas de su soledad y por el lado de los hombres, habían hecho renacer la esperanza de conquistas amorosas con bellas mujeres, como nunca las habían imaginado.

Las más curiosas eran las mujeres que no perdían la oportunidad para preguntar cómo era la nueva vida matrimonial de Sofía. Ella les contaba que Manuel era muy respetuoso y caballeresco; que luego de cenar veían televisión y al acostarse se tomaban de la mano y así dormían, tomados de la mano, toda la noche.

Pasado un tiempo, una noche, al momento de acostarse, luego de que Sofía terminara los ruegos con los que siempre finalizaba la jornada,  Manuel intentó, como todas las noches,  tomarle la mano.

Sofía, con cara afligida, le dio la espalda diciendo: Ay, no, por favor querido, esta noche no; me duele mucho la cabeza….

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